Aprendiendo a soltar

Por: Julia E. Sanchez (España)

Era el verano del 2019 y me sentía perdida. Daba vueltas en una espiral, con la misma gente, los mismos lugares, y las mismas cosas… No sabía cómo romper con ese patrón. ¡Necesitaba algo nuevo para ocupar mi mente y cuerpo!

Elegí yoga para intentar calmar la ola de sentimientos que rondaban en mi interior y los que me llegaban de mi alrededor constantemente. En cada sesión de yoga me sentía a gusto y torpe a la vez, pero sobre todo torpe.

Miraba a mi alrededor para encontrar pistas acerca de cómo contornear mi cuerpo y mantenerme en esas posiciones que me parecían tan antinaturales. Me apoyé en mi método habitual para superar situaciones difíciles: me esforcé más, subí mi nivel de concentración, que se percibía a través de mi mirada severa mientras practicaba las poses, y le puse aún más empeño. Seguí así durante más de un año, pensando que finalmente mejoraría, y superaría mi status de principiante. Sin embargo, experimenté diferentes sensaciones, entre la energía y el agotamiento, que me hicieron cuestionar mis métodos.

Mientras intentaba conciliar mis esfuerzos con mis resultados, recordé una frase que el profesor de yoga nos decía a menudo cuando practicamos posturas difíciles. Esta frase se había quedado grabada en mi mente y, según reflexioné sobre ella con mucha curiosidad, me condujo a ver tanto el yoga como mi vida con una perspectiva nueva. La frase “es duro soltar” me dio una metáfora potente que utilicé para reflexionar y observar cómo nuestros preconcebidos desenlaces de las cosas a veces chocan directamente con la realidad. En esas situaciones sentimos confusión, enfado, dolor y frustración. Pero lo que más duele es la lucha con uno mismo, el proceso de buscar una explicación a los acontecimientos, aferrarnos a nuestros planes y vivir en el pasado. Nos empeñamos en controlar lo que vemos, en vez de mantenernos abiertos a lo desconocido.

Al finalizar el 2020, después de haber lidiado con mis propias batallas, he logrado entender la profundidad de la frase “es duro soltar.” De hecho, esta frase, dicha así, se queda corta. ¡Es muy doloroso soltar!

Eso sí, a medida que ponemos en práctica soltar y dejar fluir, podemos encontrar una sensación de paz, incluso una inspiración nueva en ese espacio desconocido: un espacio de posibilidades y de desenlaces sin fin, que nos conlleva a imaginar cosas que jamás hubiéramos planteado en un inicio y explorar nuevos horizontes.

Aún me considero una aficionada al yoga, y a la vida misma, pero lo que sí tengo clarísimo son mis intenciones para el 2021 y en adelante: poner todo de mi parte para cruzar la barrera del dolor de lo inesperado para poder llegar a otros horizontes, aquellos que nos permiten sentir confort y esperanza para el futuro.

Comentarios:

Un comentario en “Aprendiendo a soltar


Jessica
1 febrero 2021

No puedo estar más de acuerdo ! No apegarnos a ningún resultado nos permite seguir en el presente y estar más abiertos a todas las posibilidades. Muchas gracias por compartir tu aprendizaje con nosotros! TÚ eres el héroe.

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