Como diluir la resistencia del ego a sanar

Por: Roque Bondarevsky

Comencé la carrera de medicina con la firme convicción de que quería ser homeópata unicista y hacer una práctica humanista e individualizada, tratando a cada persona en su complejidad única y especial.

Sin embargo, aun desde la homeopatía, el enfoque médico me seguía resultando condicionante, ya que debía llegar a un diagnóstico y a un tratamiento preestablecido y muchas veces limitante.

Por otro lado, el paradigma médico sostiene que la sustancia medicamentosa (sea esta de origen natural o artificial) existe fuera de la persona, y debe serle administrada para obtener una reacción curativa.

Mi deseo era poder convertir el acto médico en un acto curativo en sí mismo, en donde ese principio terapéutico exista dentro del propio médico o terapeuta, y a su vez sea capaz de activar un movimiento curativo en el paciente.

Así fue que fui llegando, movido por ese impulso, a múltiples formaciones humanistas y psicoterapéuticas como la terapia sistémica familiar, la astrología, el chamanismo y las constelaciones familiares.

A medida que iba incorporando e integrando más miradas y abordajes, y más sensibilidad para percibir lo peculiar de cada persona, empecé a sentir que el acto terapéutico trasciende incluso a la aplicación de unos conocimientos y técnicas, y es algo que ocurre más allá de la intención de curar del terapeuta, y de curarse del paciente.

Descubrí que el proceder terapéutico tiene que ver más bien con ponerse al servicio de la vida, en sintonía con un poder más grande y misterioso que el de una sustancia.

Acceder a ese poder y a esa sintonía requiere mucha humildad, porque ya no es uno el que cura, sino el que coopera y facilita ese proceso.

En mi travesía vital, a través de las dificultades más o menos traumáticas que me tocaron, fui descubriendo en mi propio proceso, lo mismo que observo y practico con las personas a las que ayudo. Y es que el impulso para avanzar, para sanar, para abrir nuevos caminos, para reinventarse; es un impulso que va más allá de la propia voluntad; es un impulso trascendente. Es lo que la vida quiere para cada uno.

La resiliencia es una cualidad que está conectada con ese movimiento esencial de la vida. Porque la vida quiere evolucionar, y quiere lo mejor para nosotros, sea cual sea la aventura a la que nos empuje.

La clave está en permitirnos escuchar esa llamada que nos hace, y en ponernos a su servicio.

En ese momento se diluye la resistencia de nuestro ego, porque percibimos la grandeza y el alivio que existe en dejarnos llevar, aún si toca hacerlo a través del camino de la enfermedad, del dolor, o de alguna otra dificultad.

Lo interesante y revelador de este enfoque, es que dejamos de tener ideas o pretensiones acerca de lo que creemos mejor para nosotros.

Despertamos a la evidencia de que la vida sabe más, y que aún cuando nos lleva por caminos extraños y difíciles, podemos sorprendernos con las nuevas comprensiones que surgen, con la sensibilidad que empezamos a percibir en nosotros mismos y en el mundo… en definitiva, con el corazón que se abre.

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