La cita médica rutinaria que me salvó la vida

Por Jessica de la Morena (España)

He escrito previamente sobre mi diagnóstico y cómo mi enfermedad cambió mi perspectiva sobre la comunidad.

Mi cabeza daba vueltas según salía de la consulta de mi médico ese día. Me sentía completamente desorientada y confusa y aunque estaba sentada en mi coche, me daba cuenta de que no sabía a dónde iba. Tenía la sensación de que mi cuerpo era un ente ajeno a mí, como si me estuviera viendo a mí misma en una película de terror. Era lo último que me podía esperar en una cita rutinaria, pero gracias a ser rigurosa con mis citas anuales, se había descubierto esta enfermedad a tiempo para poder tratarla.

Después de realizar la biopsia, mi medico me abrazó y explicó que los resultados de la prueba nos permitiría identificar el tipo de células cancerígenas que tenía, y aunque escuché con atención, nada se me quedaba en la cabeza. El día siguiente acabé de nuevo sentada en la misma consulta. Esta vez, destrozada por falta de descanso, me hablaron de los resultados de la prueba del día anterior, que indicaban que necesitaba realizar otra prueba. En ese mismo momento, me di cuenta de algo que no se me había ocurrido nunca pensar: que los médicos no siempre tienen todas las respuestas. Hasta este momento, siempre que había ido al médico me había dado respuestas, sabía qué me pasaba y el tratamiento que necesitaba. Pero esta situación fue completamente diferente. Y vi que nos embarcábamos en algo parecido al análisis de la escena de un crimen, en que me harían muchas pruebas que servirían para entender lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo misterioso.

Me puse en modo Sherlock Holmes al ver que esta investigación no sería la obra de una prueba o un médico y que cuantos mas expertos estuvieran analizando esto, mejor. Empecé a buscar información online y al entrar en la primera página web, vi que me había equivocado por completo. Me bombardearon con tasas mortales altas y listas larguísimas de efectos segundarios de tratamientos, y no pude evitar pasar de estar expectante a estar asustadísima. Tuve que pararme y tomar responsa-habilidad de la situación y ver que tenía dos opciones: podía elegir ver la información con otros ojos o podía filtrar la información que veía para asegurarme de solo ver información constructiva y positiva. Era imposible para mí no estar asustada en este momento, por lo que me decidí por filtrar la información.

Contacté con mi comunidad para encontrar otras personas que hubieran pasado por experiencias similares. Busqué personas que fueran constructivas y tuvieran historias positivas, además de personas que pudieran conocer a oncólogos especializados. Unos queridos amigos de Nueva York me pusieron en contacto con un medico especializado en mi enfermedad, y acabé hablando con él a la una de la mañana hora de Madrid. Se tiró una hora al teléfono conmigo, explicándome en detalle el protocolo que siguen en casos similares en los Estados Unidos, además de contestar mis mil preguntas que habían surgido esa tarde. Me dio muchas esperanzas de que los tratamientos que me iban a poner podrían ser efectivos. Después de colgar, acabé cansada pero algo más aliviada.

Y así empezó una investigación detallada que duró una semana, con muchas subidas y bajadas de la noria, mientras que mi oncólogo (Dr. J.) juntaba toda la información de las pruebas y me mandaba hacerme más. Cada prueba en si me daba miedo, pero intentaba imaginarme ser una investigadora que probaba de primera mano el funcionamiento de cada una, y pedía explicaciones a los técnicos en cada paso. Además, todos los días me reunía con mis médicos y por las noches hablaba con mi médico de Nueva York (Dr. V.). El Dr. V. me puso en contacto con el jefe de un programa muy relevante de otro hospital neoyorquino y éste me presentó a otro oncólogo en Madrid (Dr. A.) quién colabora con médicos de Anderson en Houston, Texas, que estudian casos como el mío. Tuve una cita de tres horas con el Dr. A., en la cual revisamos con mucho detalle mi caso, y me ayudó a entender mejor lo que me estaba pasando.

Una semana más tarde llegamos a un diagnóstico entre todos y acordamos mi tratamiento.  Y sin más preámbulos, empecé. Rápidamente tuve efectos segundarios, y aunque no había querido saber mucho de ellos para no estar predispuesta a sentirlos, sabía lo suficiente sobre ellos para que no me pillara por sorpresa. Mirando hacia atrás, me alegro mucho de no haber preguntado demasiado sobre ellos, porque seguramente me hubiese estresado antes de haberlos experimentado.

He aprendido que es mucho más práctico afrontar algo directamente sin perder el tiempo anticipándome al dolor o la dificultad. Así solo experimento la situación una vez.

Algunos de los efectos segundarios fueron muy severos y necesité transfusión de sangre e inyecciones para activarme la médula ósea, para que se produjeran más células blancas. La verdad es que este camino fue duro físicamente y por lo siguiente también a nivel emocional, pero intenté aprovechar las oportunidades que surgían. Por ejemplo, me llevaba mi almohada de plumas preferida de casa y intentaba dormir un poco la siesta. También leía libros que me pudieran subir el ánimo. Además, hablaba con las increíbles enfermeras del hospital de día oncológico, quienes me cuidaban tanto y siempre tenían una gran sonrisa para mi. Al inicio de cada tratamiento, el Dr. J. me veía para comprobar mis niveles en sangre y me daba ánimos. Dr. V. me mandaba mensajes a diario para darme fuerzas y el Dr. A me escribía correos a menudo para hacer seguimiento. Y así fue que mis médicos y enfermeras llegaron a formar parte de mi comunidad.

¡He mantenido el contacto con todos estos nuevos miembros de mi comunidad.  Además, tuve la oportunidad de quedar con el Dr. V. en Nueva York para invitarle a comer! Fue increíble poder conocerle en persona y tener la oportunidad de agradecerle personalmente todo su apoyo. Estaré agradecida eternamente por la atención médica que tuve durante mi enfermedad, y tengo mucha suerte de que todos ellos hayan aparecido en mi vida como héroes. Me han inspirado a querer ayudar a los demás, compartiendo mi historia.

Te animo a compartir tu historia con los demás. Añade el hashtag #uarethehero y tag @u_are_the_hero en Instagram. También, a hacer crecer nuestro movimiento. Comparte mi cuenta con tu red, para que podamos construir una comunidad solidaria y sanadora.

Y quisiera preguntarte,

¿Cómo te han ayudado los médicos en tu proceso? ¿Qué te ha sorprendido de tus médicos?

Cuéntame a mí y a los demás tus ideas, porque la sinceridad nos apoya a todos en nuestros caminos. TÚ también podrás ser un héroe para ellos.

También debo aprovechar esta oportunidad para recordarte que por favor vayas a tu cita médica rutinaria. Sé que da miedo, pero detectar una enfermedad desde el principio puede ser fundamental para encontrar posibles tratamientos médicos para ella. Piense en esa cita como un verdadero acto de amor propio.

Os mando mucha fuerza y amor, y os recuerdo que sea cual sea vuestro camino, no estáis solos. Y a menudo, el héroe que buscas siempre ha estado dentro de ti.

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