La endometriosis me alertó del desequilibrio que sufría

Por: Julia R. (España)

Sucedía de nuevo: mi cuerpo había formado un nuevo quiste endometriósico apenas cuatro meses después de mi última operación, la segunda por el mismo motivo. No era posible una nueva intervención con garantías de conservar lo que quedaba de mi aparato reproductor. Con treinta y seis años, y ambiciones de maternidad, mi mundo se derrumbó.

¿Cómo ayudar a mi cuerpo a sanar y combatir esa formación de quistes? La respuesta, siempre la misma: la endometriosis se combate con tratamientos hormonales y cirugías cuando adquiere un determinado tamaño. No había funcionado.
Fue entonces cuando conocí a un profesional de tratamientos complementarios, por recomendación de un allegado. Un planteamiento absolutamente ajeno a mi visión de la salud y ritmo de vida, hasta entonces.

Llegué a la primera consulta después de una semana de largas jornadas de trabajo, con viajes incluidos: mi ritmo y estrés habituales de entonces. Más que una consulta me pareció una entrevista, sin entender por qué no nos ceñíamos a mi diagnóstico médico. Las preguntas iban dirigidas con mayor incidencia a mi vida, las circunstancias que rodearon los diferentes momentos clave de mi enfermedad e incluso retrocediendo en el tiempo. Extrañeza máxima.
Aún así, sentí confianza. Recuerdo cómo mi mente comenzó a calmarse. Podía pasar a ser parte activa para combatir los quistes. Debía introducir cambios en mi alimentación, incorporar productos homeopáticos y oligoelementos y la actividad física regular; era fundamental aprender a vivir con más calma. Todo pasaba por cambiar la percepción de mi salud y de mi forma de vivir.

Encontré la forma de incorporar nuevos hábitos. Pronto empecé a verlo como una oportunidad, no ya de eliminar aquellas formaciones quísticas, sino también para estar más feliz y sentirme mejor. Las preocupaciones disminuyeron drásticamente, mientras crecía más y más la confianza. Según pasaban las semanas, lograba seguir los nuevos hábitos con más facilidad, se afianzaban, e iba incorporando otros cambios menores.

Durante el proceso estuve acompañada y guiada por mi terapeuta, que seguía mi evolución e incorporaba tratamientos. Poco a poco fui conociendo y entendiendo cómo la medicina holística puede ayudarnos a mejorar nuestra salud.
En ningún momento abandoné mis revisiones ginecológicas trimestrales. Fuimos comprobando que aquel enorme quiste se reducía. Mi ginecólogo, aunque incrédulo, comenzó a desestimar una tercera y drástica operación. La evolución posterior fue inequívoca: transcurrido un año había llegado al valor límite para ser operado; a los dos años y medio no había rastro de quistes en mi cuerpo.

Adicionalmente, me encontraba mejor físicamente, más tranquila emocionalmente y con más energía.
Viví todo aquel proceso de forma confiada y positiva, sentía ser parte activa en combatir mi enfermedad. Aprendí a vivir de forma más pausada, la importancia de escuchar a nuestro cuerpo y de cuidarnos tanto física como mentalmente.
En este camino fue crucial atreverme a cambiar la forma de entender mi realidad y a probar cosas nuevas, pero también a compartir mis dificultades y miedos. Compartiendo experiencias es posible encontrar el camino para una nueva oportunidad, ser tu propio héroe.

Comentarios:

Un comentario en “La endometriosis me alertó del desequilibrio que sufría


Jessica
1 febrero 2021

Qué sabio es el cuerpo y que aprendizaje tan potente has sacado de esta experiencia Julia ! Muchísimas gracias por tu generosidad en compartirlo con todos nosotros. TÚ eres el héroe.

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