La importancia de comunidad en los caminos de sanación

Por Jessica de la Morena (España)

Un día antes de empezar las sesiones de quimioterapia, acudí a la reunión que había convocado con mi equipo de trabajo para informarle sobre mi situación. Algunos miembros de mi equipo y compañeros me habían enviado mensajes en los cuales me preguntaban por qué había cancelado un viaje a Australia y estaba trabajando desde casa. Prefería no tener que darles explicaciones hasta saber exactamente cuáles eran mis siguientes pasos a tomar. Las palabras que me tocaba expresar durante la reunión fueron las más duras de mi vida, ya que tuve que contar mi situación a mi familia de trabajo. La gran manifestación de apoyo y amor que recibí de mi familia de trabajo, desde lugares lejanos y cercanos, fue conmovedora y lo sigue siendo. Estoy agradecida para siempre por todo.

Como ya mencioné en mi artículo anterior, en el cual contaba mis experiencias a todo el mundo por primera vez, el concepto de comunidad representa un pilar importante de mi proceso de sanación. Mientras mi comunidad se ha ido expandiendo, me he dado cuenta de varias cosas útiles que quisiera compartir con los lectores de este artículo.

Al comienzo de mi camino de sanación, naturalmente, me emocionaba al hablar de mi situación. Me resultaba muy difícil y me agotaba. Cuando me encontraba con alguien que recién había conocido la noticia, se emocionaba y me hacía llorar otra vez.  Aunque me cansaba, aprovechaba esas conversaciones porque me ofrecían la oportunidad de exteriorizar mis sentimientos, y esa oportunidad era un regalo. Con el paso del tiempo, podía procesar mis emociones, como el miedo, la ira y la tristeza. Podía expresar mi optimismo general más abiertamente y no me sentía tan agobiada emocionalmente.

Me resultó sorprendente la cantidad de personas que me ofrecieron su apoyo y amor. Observaba que algunas personas se sentían incómodas al conocer mi situación, ya que seguramente les evocaba sentimientos como el miedo y otras emociones difíciles. Varias personas querían contarme sus experiencias similares, para dar sentido a lo que les había contado. La primera vez que esto ocurrió, me impactó mucho. Después de que esa persona me contara lo mucho que lamentaba mi situación y me brindara su apoyo y solidaridad, pasó a informarme de que había fallecido su padre tras una larga batalla contra el cáncer. Sentí un gran nudo en el estómago. Naturalmente, intenté centrarme en su historia, mientras en mi mente surgió la posibilidad de morirme y abandonar a mis hijas. Más tarde, al reflexionar sobre esa conversación, me di cuenta de que era normal, pero mi reacción no era inevitable, ya que podría haber asumido la “responsa habilidad” por mi forma de reaccionar.

Les recuerdo que la “responsa habilidad” significa nuestra capacidad innata de decidir cómo vamos a responder a las situaciones. Cuando soy consciente de mi “responsa habilidad”, mi perspectiva cambia dramáticamente y me empodera para que mejore mi camino de sanación. Como consecuencia, observo mis reacciones y comportamientos en la vida y decido si tales comportamientos me apoyan o me perjudican.

Al día siguiente, me encontré con una persona más que me expresó su solidaridad y amor. Cuando empezó a contarme que su madre había padecido cáncer, le interrumpí; sonriendo y tocándole el brazo, le dije: “Lo siento, pero antes de que continúes contándome lo que pasó después, me dices si lo que me vas a contar es positivo, constructivo y alentador para mí”. Se paró a pensarlo y luego me explicó cómo la hipnosis había ayudado a su madre. No llegué a saber la historia completa de su madre, pero sí me sirvió tal sugerencia constructiva y me sentí elevada ese día.

Así comencé a dirigir las conversaciones, para asegurar que me ayudaran y que no me perjudicaran. De hecho, a veces la gente no me contaba nada más y con eso me bastaba, puesto que me quedaba con la mente positiva. No estuve cómoda la primera vez que lo hice, lo cual es normal cuando se cambia la forma de hacer las cosas. Además, se me ha inculcado ser considerada con los sentimientos de los demás y siempre he intentado comunicar mis ideas de forma afectuosa y constructiva. Sin embargo, lo hacía con más facilidad con la práctica y al final utilicé esta herramienta para cambiar el rumbo de las conversaciones hacia lo positivo.  Esto representa un paso vital en mi camino.

El método que arriba he explicado surgió de mi condición de estar en “modo de supervivencia”. Quiero decir que me sentía presionada para solucionar mi problema porque no soportaba la situación. De todos modos, me hizo pensar en las otras situaciones en las cuales no me sentía bien. Poco a poco, empecé a observar cuándo no me resultaban beneficiosas ciertas conversaciones. Observé cómo me afectaban e identificaba lo que necesitaba. Después, comencé a cambiar mi forma de reaccionar para que estuviera más alineada con lo que necesitaba. Mi héroe interior me salvó. Me sentía una mujer muy empoderada.

Una vez estuve a gusto con mi cambio de perspectiva, decidí enfocarme en pensar cómo podría emplear lo que había aprendido de forma productiva para realmente crear mi entorno, en lugar de meramente reaccionar a mi entorno. Me pregunté:

¿Qué clase de entorno deseo?

¿Cuáles son los valores de mi Comunidad?

Creé más oportunidades para pasar tiempo con amigos y familia creativos y con una mentalidad positiva, y me asombró ver que yo atraía a gente nueva, que tenían los mismos valores que yo. También mi relación con ciertas personas de mi vida se estrechaba, lo que resultaba en una conexión más profunda. Centré los pensamientos y conversaciones en la idea de la serendipia que existía por todos sitios. Veía las situaciones como oportunidades que me entusiasmaran, y no como cambios a temer.

También empecé a construir una comunidad de gente con una mentalidad positiva, que se enfrentaban a problemas de salud similares a los míos. Desafortunadamente, algunos de mis amigos han experimentado situaciones similares a las mías, y por eso comprenden de primera mano lo duro que pueden ser. Sus experiencias me fueron muy útiles, y sus ejemplos de final feliz en sus caminos me dieron más esperanzas. Estos amigos me presentaron a amigos suyos que tuvieron experiencias similares a las mías, lo que me ha permitido hacer numerosos nuevos amigos. Por último y como aspecto más importante, mi madre ha sido un gran rayo de esperanza para mí durante todo este calvario, ya que ella tuvo que pasar por su propia lucha contra otra forma rara de cáncer. Su fuerza y actitud positiva me han influido enormemente, junto con el gran optimismo y amor de mi padre. Sin saberlo, habré hecho que todas esas personas se conectaran entre sí!

Mis hijas también son mi comunidad. Su perspectiva como niñas ha sido muy valiosa para que yo viera las cosas objetivamente y sin los estigmas de los “adultos”. Tienen la mente abierta y aceptan nuevas situaciones tal cual. Así, me permite dar un lado positivo a una situación difícil. Por ejemplo, les expliqué que me iban a dar una medicina tan potente que haría que se me cayera el pelo que tenía y ¡que me creciera un pelo más fuerte!  Cuando empezó a caerse mi pelo y yo me alarmaba, exclamaron, “¡La medicina funciona!” Al escuchar esto, me paré y noté que tal comentario me ayudaba a aceptar la situación. Al principio, siempre llevaba un gorro en casa. Mi hija me preguntó por qué lo hacía, si no hacía frío en casa y el gorro seguramente resultaba incómodo. Le contesté que yo creía que mi aspecto era raro, y ella dijo que no le importaba. Por supuesto, dejé de llevar gorro.

No se puede explicar con palabras lo solidaria y cariñosa que ha sido mi comunidad. No hubiera podido hacer este camino sola. Me han brindado su apoyo de muchas formas. La mejor forma ha sido la de simplemente “estar”. Pasaron noches en el hospital conmigo, pasaron días conmigo mientras me echaba en el salón porque las náuseas no me permitían moverme. Me prepararon comidas, nos regalaron paquetes “Hygge”, se coordinaron entre ellos para que durante los momentos más críticos yo estuviera siempre acompañada. Me mandaron flores, comían conmigo por videoconferencia, me escucharon, y llevaron a mis hijas de excursión, me enviaron postales, me llevaron a sesiones de quimioterapia y de paseo en la montaña, me prestaron libros, y la lista sigue….  Soy la persona más afortunada del mundo, porque tengo esta comunidad tan maravillosa.

Y ahora amplío mi comunidad para incluirte a TI.

Te animo a compartir tu historia con los demás. Añade el hashtag #uarethehero y tag @u_are_the_hero en Instagram. También, a hacer crecer nuestro movimiento. Comparte mi cuenta con tu red, para que podamos construir una comunidad solidaria y sanadora.

Y quisiera preguntarte,

¿Qué clase de límites has tenido que imponer en tus conversaciones?

¿Cuáles son los valores de tu comunidad?

Cuéntame a mí y a los demás tus ideas, porque la sinceridad nos apoya a todos en nuestros caminos. TÚ también podrás ser un héroe para otros.

Os mando mucha fuerza y amor, y os recuerdo que sea cual sea vuestro camino, no estáis solos. Y a menudo, el héroe que buscas siempre ha estado dentro de ti.

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