Las terapias complementarias revolucionaron mi camino de recuperación

By Jessica de la Morena (España)

He escrito previamente sobre mi diagnóstico, cómo tomé un rol activo en mis tratamientos médicos, y cómo mi enfermedad cambió mi perspectiva sobre la comunidad.

La semana de pruebas para llegar a mi diagnóstico fue la peor semana de mi vida. Los primeros resultados indicaban que tenia un cáncer muy agresivo que seguramente se hubiese extendido por todo mi cuerpo, y sentía que estaba a la espera de una pena de muerte. Os podéis imaginar el miedo que estaba pasando, por lo que tenía mucha ansiedad y no era capaz de dormir ni descansar.

A través de mi comunidad me recomendaron a una psicóloga quien me pudiera acompañar en esta experiencia y rápidamente pedí cita con ella. Según me desahogaba con ella me di cuenta de lo importante que es tener a alguien con quien hablar que no sea ni un familiar ni amigo. Pude quitarme de encima muchos miedos y enfado que tenia, que no podía compartir con la gente que me rodea por miedo a que se sintieran mal y sobre todo porque me sentía muy culpable por el mal rato que estaban pasando, preocupándose por mí. Seguí mis citas con ella todas las semanas a lo largo de mis tratamientos

Me sentía notablemente mas ligera al salir de estas sesiones y una vez que empezase la quimioterapia y radioterapia y el shock inicial empezó a disiparse, empecé a poder enfocarme en cosas que podía hacer para contribuir a bienestar en general. Lo primero que me plantee fue mejorar mi bienestar físico, ya que tenía muchos efectos segundarios de los tratamientos, como nausea, vértigos, migrañas, y dolores de huesos. Una buena amiga que es Maestra de Reiki me recomendó una terapeuta de Reiki que podía acudir a mi domicilio, y decidí aprovecharme de la oportunidad. Había probado Reiki anteriormente, una terapia que se conoce como terapia energética, y sabía lo efectivo que podía llegar a ser. El día siguiente, después de la quimioterapia, la terapeuta de Reiki vino y tuve una sesión completa de 1 hora, durante la cual estaba tumbada muy cómoda, tapada con una manta, escuchando música muy relajante, mientras que la terapeuta de Reiki ponía sus manos en sobre diferentes zonas de mi cuerpo. Dormí durante casi toda la sesión y después sentí bastante menos nausea y me encontraba muy relajada y preparada para una noche de sueño reparadora. Después de la sesión estuvimos hablando de sensaciones y sentimientos que me han venido durante la sesión y acordé escribir sobre ellos y escribir a diario. Desde ahí en adelante tuve sesiones de Reiki todas las semanas.

En mi diario salieron un montón de emociones interesantes, las cuales compartía con la psicóloga y mi amiga que es Maestra de Reiki. Mi amiga me recomendó que probase otro tipo de terapia que ella considera muy útil y potente que se llama bio-descodificación. El nombre desde luego me pareció curioso y dado que me lo había hablado de ello con tanto entusiasmo, decidí contactar al terapeuta que me había recomendado. Hablé con él por teléfono y me explicó que la bio-descodificación es una técnica para descodificar cualquier síntoma (físico, emocional y mental) y resolver el problema de fondo bio-emocional y la causa ancestral a nivel celular. Me sentí a gusto con él desde el primer momento y me lancé a probarlo. Tuvimos una sesión de dos horas la semana siguiente por Skype y fue alucinante. A través de preguntas y visualizaciones, con mucho arte me llevó a recordar situaciones de mi pasado que había olvidado por completo. Según los íbamos desvelando, sentí un torrente de emociones que inicialmente se manifestaron como un nudo en mi garganta tan fuerte que no podía ni hablar. Descubrimos situaciones que me había llevado a adoptar ciertos comportamientos como mecanismos de supervivencia. Después, hicimos unos procesos para reafirmarme a mí misma que, aunque esos comportamientos o patrones habían servido un propósito en su momento ayudándome a sobrellevar momentos anteriores, ya no eran necesarios para mi y podía desprenderme de ellos. Recordar estas situaciones y unirlas con patrones fue una experiencia reveladora para mi, sobre todo porque me ayudo a entender muchas situaciones en el pasado.

Esa noche no pude dormir, ya que sentía mucha tensión en el pecho y mucha angustia, pero para el dia siguiente se me había pasado. La mayor sorpresa llego días después cuando sucedió algo relacionado con lo que habíamos trabajado y pude observarlo antes de reaccionar ante ello, dándome la oportunidad de escoger otro comportamiento al que no estaba acostumbrada. Unos días mas tarde tuvimos una sesión de seguimiento donde nos centramos en temas que mi terapeuta había visto en casos parecidos, y desvelamos aun más cosas sorprendentes para mí que me llevaron a mas revelaciones. He escrito muchísimo sobre lo que he aprendido y también lo he comentado con mi psicóloga. A través de todo este trabajo, ahora practico otros comportamientos, según me enfrento a situaciones que me dan la oportunidad de probar enfoques diferentes a los que estoy acostumbrada. Esto me permite estar más feliz en general, ya que me expongo a menos estrés emocional.

Tanto mi psicóloga como mi terapeuta de Reiki me recomendaron practicar meditación a diario, y aunque había hecho algunas meditaciones guiadas en el pasado, no estaba acostumbrada a hacerlo de manera regular. Encontré online unas meditaciones de 10 minutos que empecé a hacer 2 veces al día, una vez por la mañana y otra vez por la noche. Casi siempre me quedaba dormida haciéndola, pero ese sueñecito era muy reparador. También me puse alarmas en el teléfono para que sonaran a lo largo del día para recordarme a mí misma a pausar y respirar profundamente varias veces. Tanto las meditaciones como las pausas durante el día me aterrizaban y relajaban y eran como una ducha fría y calmante para mi cerebro. Ahora tengo adicción a realizar estas acciones y las anhelo en momentos de estar sobrepasada, cosa que me demuestra lo efectivas que son. Utilizo estas técnicas en momentos de alto estrés, como cuando estoy en las maquinas de escaneo durante una hora para mis revisiones trimestrales, donde transformo lo que hubiesen sido 60 minutos de recuerdos terribles a una meditación relajante que me lleva a dormirme casi siempre. También he introducido mas deporte en mi rutina, que es otra técnica de atención plena que además ejercita el cuerpo.

Mis tratamientos fueron tan agresivos que las analíticas de sangre mostraban niveles muy bajos del sistema inmunológico y de plaquetas, lo cual podía retrasar el comienzo de la siguiente sesión, ya que mi cuerpo necesitaba tiempo para recuperarse. Una buena amiga que había tenido tratamientos parecidos me habló de llevar una alimentación predominantemente compuesta de plantas y comer ciertos alimentos que le ayudaron a mejorar los tiempos de recuperación de su cuerpo. Después de mucha investigación al respecto y de hablar con un nutricionista especializado en oncología, empecé a crecer mis propios brotes de brócoli, incorporé ciertos superalimentos como la cúrcuma, el jengibre, y la ashwagandha en mis batidos de verdura y fruta, eliminando el gluten y la lactosa por completo, y comiendo salmón y otros pescados en vez de carne roja, entre otras cosas. Rápidamente me encontré mucho mejor, y también percibí que mi cuerpo se recuperaba mas rápidamente de los tratamientos.

Seguí investigando diferentes terapias complementarias y estoy convencida de que cada una de ellas ha contribuido a mi bienestar general y por lo tanto apoyaron la capacidad de mi cuerpo a recuperarse de mi enfermedad. Estas terapias complementarias aportan diferentes perspectivas y cada una ayuda de manera independiente, pero juntas me han llevado a un enfoque más holístico de recuperación. Estaré eternamente agradecida por todos los terapeutas que me han acompañado en mi camino hacia el bienestar y me han ayudado a aprender más de mí misma en este camino.

Otra cosa que me ha sorprendido gratamente en relación con los profesionales de las terapias complementarias es su predisposición para recomendarme otras terapias adiciones que me podrían ayudar desde otro ángulo. En vez de mantener su red profesional pequeña o solo tratar una parte de mí, me presentaron a otros terapeutas que podían ampliar mi visión de mi sanación, y esto para mi fue vital para mi recuperación. La generosidad que mis terapeutas mostraron al brindarme sus contactos e identificar a otros que me podrían ayudar fue clave para ver todo el conjunto de mi camino.

Echando la vista hacia atrás me parece increíble que si no fuera por mi enfermedad seguramente no hubiese descubierto estas maravillosas herramientas que ahora forman una parte integral de mi plan de auto cuidado. Continúo apoyándome en muchas de ellas y otras terapias complementarias para apoyar mi trabajo interior, ya que me he dado cuenta de que solo he visto la punta del iceberg y que esto es un proceso que continuará para toda la vida.  Me han empoderado muchísimo y ayudado a reforzar mi responsa-habilidad, permitiéndome ver de manera transparente puntos de decisión que previamente eran invisibles para mí.

Es fácil recaer en antiguos hábitos una vez que la urgencia relacionada con una enfermedad ya se siente, pero es igual de fácil asegurarse de tener un plan de auto cuidado que incluye esas terapias y comportamientos que resuenan en ti y reservarte tiempo para utilizar estas herramientas tan útiles.

Te animo a compartir tu historia con los demás. Añade el hashtag #uarethehero y etiqueta @u_are_the_hero en Instagram. También, a hacer crecer nuestro movimiento. Comparte mi cuenta con tu red, para que podamos construir una comunidad solidaria y sanadora.

Y quisiera preguntarte,

¿qué terapias complementarias, comportamientos, y cambios de hábitos han sido fundamentales para tu proceso de sanación?

Cuéntame a mí y a los demás tus ideas, porque la sinceridad nos apoya a todos en nuestros caminos. TÚ también podrás ser un héroe para ellos.

Os mando mucha fuerza y amor, y os recuerdo que sea cual sea vuestro camino, no estáis solos. Y a menudo, el héroe que buscas siempre ha estado dentro de ti.

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