Mi cuerpo se negó a seguir una vida desequilibrada

Por: González G-N (España)

Septiembre 2012, Londres. Este no era un viaje de trabajo más. Había llegado el momento de presentar a mis 2 grandes jefes un proyecto profesional importante.

Si bien la parte profesional de este significado momento estaba en orden, me sentía cómoda con el contexto, el contenido y la puesta en escena.

Mi cuerpo no sentía lo mismo, algo no iba bien. En 2 años había visitado varios especialistas (Internista, Ginecólogo, Endocrino, Nutricionista, Dermatólogo, Digestivo, etc.), pasé por urgencias en 4 ocasiones en los últimos 2 meses, y seguía sin diagnóstico ni solución.

Aquel día en Londres no comí, solo bebí manzanilla, apenas tenía fuerzas, así que tuve que concentrarme mucho para llegar al final del día. La reunión fue sobre ruedas, habíamos creado un nuevo terreno de colaboración y sinergias, que traerán buenos resultados extras a ambas partes. Llegamos al hotel, un 5 estrellas en el corazón de Londres.

Pero yo no pude disfrutar de nada, hice una llamada a mi jefe y le dije “Ponle sonido al móvil, y si te llamo a mitad de la noche, llévame al hospital”. Mi tripa estaba muy inflamada, mi cuerpo hinchado y yo solo podía pensar en llegar a mi casa, meterme bajo las sábanas de mi cama, y esperar a que todo pasara, total… nadie tenía solución para mi.

Esa noche no hice la llamada. Pero al llegar a Madrid, llamé a mi hermana, cuando ella me vió, observó que todo mi cuerpo estaba deformado por la inflamación, y decidió llevarme a urgencias, a pesar de mi resistencia. En la recepción de urgencias lloré a grito pelado, necesitaron 5 intentos para encontrar una vena para la vía con suero.

Así comenzó mi aventura, 1 semana ingresada, 5 días con suero, sin comer ni beber, además de infinidad de pruebas. 7 días después pedí el alta voluntaria, seguían sin darme un diagnóstico y una solución clara, solo la sospecha de un gran colapso por estrés y los marcadores cancerígenos por las nubes. Hacía meses había reservado un viaje para toda mi familia (23 personas) y debía viajar ese mismo día a París.

Así, sin más, decidí tomar las riendas de mi salud y de mi destino (y de mi intestino :)) y crear mi nuevo YO. Decidí embarcarme en una aventura vital que me permitiera encaminar mi vida desequilibrada y cuidarme de forma holística e integral: física, mental, emocional y espiritualmente.

Este fue el principio de mi nueva vida: más consciente, más conectada conmigo misma, con la naturaleza y con la gratitud. Aprendí a poner límites a las horas de trabajo, a los compromisos personales y profesionales, a los hábitos de alimentación aprobados socialmente pero insanos para mí. A crear rutinas de poder y de respeto hacia mí misma y hacia los demás. Estudié disciplinas de salud integrativa.

Tardé 2 años en recuperar mi peso habitual, una menstruación regular, la vitalidad y la alegría que siempre me habían caracterizado, y nunca jamás las volveré a poner en riesgo.

¡Aprendí a apostar por mí misma y funcionó!

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