Mi madre tiene Alzheimer, pero no estamos solas

Por: Kathryn F. (U.S.A.)

No hay muchas cosas más difíciles en la vida que perder a una madre o padre. Yo he visto a mi marido sufrir la pérdida de sus dos padres: el abuelo cariñoso de mi hija, a quien siempre subía en sus hombros cuando iban al parque; y la abuela, a quien le encantaba mimar a su nieta de Estados Unidos mandando ropa monísima desde París. Ataques al corazón. Cáncer. Accidentes de coche. Aneurismas. Le puede pasar a cualquiera – un minuto están aquí y en el siguiente ya se fueron.

Destroza el corazón perder a alguien de manera inesperada. Pero perder a alguien despacio … eso es un destino que no le desearía a mi peor enemigo. Verás, llevo perdiendo a mi madre durante casi una década. Todos empezamos a ver señales antes de que supiéramos lo que significaban, algunos antes que otros. Empezó con perder las llaves del coche, desorientarse yendo por caminos muy conocidos, y olvidar cosas que antes recordaba con facilidad. Decíamos que era la edad, aunque mi madre aún es joven. No teníamos ni idea de que era el comienzo de Alzheimer el que andaba robando sus recuerdos y sus habilidades cognitivas; imperceptible como un susurro, hasta que se convierte en un grito.

El diagnóstico de mi madre fue tan inesperado y espantoso que nos llevó mucho tiempo aceptarlo, a mí y a mi familia. Por supuesto, estuvimos en fase de negación, y no sabíamos a quién ni a dónde acudir. Lo que nos ha ayudado enormemente ha sido su equipo de cuidadores, que no sólo tienen muchísima experiencia con la pérdida de memoria y con pacientes más mayores, sino que también son muy detallistas y compasivos; sabemos que mi madre tiene el mejor cuidado posible. Era consciente de que llegaría el día en que ella ya no podría comunicarse conmigo, pero, cuando pasó, la devastación fue tan grande que no pude llevarlo sola. He sido muy afortunada por tener un terapeuta excelente, que ha sido una parte vital de mi comunidad, además de mi familia, de los que dependo yo para mi propia salud mental.

Los atisbos del verdadero ser de mi madre son menos frecuentes estos días. Pero, a veces, cuando menos me lo espero, puedo ver una luz tenue de ella a través de una sonrisa, un apretón de manos, o unos pasos de baile cuando suena su canción preferida.

Compartir nuestra historia me ha acercado a muchos recursos y a otras personas que están pasando por situaciones parecidas. He encontrado grupos de apoyo que han hecho este camino más soportable. También estar más en contacto con otros familiares y acordarnos de mi madre lo hace menos doloroso. Digo en broma que es un club del cual ninguno de nosotros queríamos formar parte, pero ahora que estamos aquí, no podemos hacer otra cosa que apoyarnos los unos a los otros.

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