Mis pacientes son mis héroes y me enseñan a gestionar mis emociones

Por: E.V. (España)

Siempre he querido ser enfermera, ya que me encanta cuidar y atender las necesidades que van surgiendo en el día a día con mis pacientes.  No recuerdo que quisiera ser otra cosa.

Disfruté mucho durante la carrera y tengo la enorme suerte de decir que siempre he venido contenta a trabajar, daba igual que fuera festivo o no. He disfrutado cada día, he tenido buenos jefes que han sabido sacar el mejor partido de mi y siempre he trabajado con buen ambiente. Soy consciente que no le ha sucedido a todo el mundo y por eso doy gracias, ha permitido que mi felicidad se refleja en mis cuidados.

He trabajado por varios departamentos, pero tengo que reconocer que el que más me ha enriquecido ha sido el de oncología, aunque también ha coincidido que soy más mayor, con más experiencia y más entrega. A veces me siento un poco egoísta, porque cuanto más en contacto estas con los pacientes, mejor te sientes. Es como una droga!

Se crea un vínculo especial entre ellos y nosotras.  Es increíble la cantidad de sentimientos que se desprenden con estos contactos.  A veces surgen complicaciones y sufrimos.  Pero eso ahora no me importa, aunque cuando empecé a trabajar mi perspectiva era muy diferente:

Hace 23 años empecé a trabajar simultáneamente en el hospital y en el departamento de oncología.  Al trabajar con oncología, para protegerme me hice una coraza mental para no sufrir.  Esto a la larga me supuso un distanciamiento de pacientes, amigos, familia… porque a nadie le decía cómo me sentía porque inconscientemente lo negaba. Después de un tiempo incluso lo tuve que dejar.

Pero, por suerte, la vida da muchas vueltas y las cosas que no están resueltas siempre vuelven: me ofrecieron montar el servicio de oncología del hospital. Esta vez decidí no ponerme ninguna coraza y dejar que fluyan los sentimientos. Afortunadamente la mayoría son alegres por la buena evolución de nuestros pacientes!

No se como expresar lo que me reporta este trabajo: es como un subidón! Solo con una mirada, una sonrisa, un abrazo… es como si se descargara toda la energía del planeta en mi interior.  No voy a mentir: hay momentos duros, he llorado con los pacientes, con sus familiares, sola en el almacén, con mis compañeras… siempre echamos de menos a alguien, pero ya no me importa, prefiero sacar los sentimientos fuera que dejarlos atrapados dentro en una coraza virtual o de mentira.

Ahora tengo a mi favor que soy más mayor y se gestionar mis emociones mejor, sabiendo que no se deben atrapar y hay que dejarlas fluir. Cuando me preguntan cómo puedo hacerlo, contesto: “la enfermería ayuda a nacer, durante la vida y ayuda a morir, es gratificante cuando ayudas en todas las facetas y se consigue al paciente confort, tranquilidad, cuidados, compañía…”

Tengo que añadir que nuestros pacientes nos dan una lección de vida todos los días. Es increíble y una suerte que debería tener todo el mundo. Se valoran las cosas de otra manera y les doy las gracias por ello. Ellos son los verdaderos héroes.

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