No me parará la Artritis Reumatoide

Por: MariJose

Cuando la enfermedad entra en una casa, siempre tendemos a pensar en el enfermo como única “víctima” de lo que está pasando. Os contaré una historia de alguien cercano, porque al final la moraleja viene a ser que a todos nos afectan las cosas que le pasan a la gente que queremos. Para bien y para mal.

El primer recuerdo que tiene de su madre, o de los primeros porque no sabe concretar, es haberse ido a dormir a casa de su tía Juani que vivía en el edificio contiguo de su calle, con su hermano, porque mamá estaba en el hospital y allí se quedaron varios días, tampoco sabe precisar cuántos, porque no tendría más de cinco o seis años.

En realidad, siempre que me habla de ella, dice que no la recuerda sana. Lo cual viene a decir que aquella enfermedad era parte de su normalidad.

Su entorno, un tanto… digamos “machista” le hace responsable de ayudar a su madre desde muy temprana edad, siendo la segunda en el número de hermanos, pero la primera de las mujeres.

A ella le gustaban las cosas normales a su edad, los juegos, las travesuras, estar con sus amigos, pero se pasó gran parte de su tiempo de infancia y adolescencia privada de aquella libertad, que comparaba con respecto a sus amigas, se le antojaba una obligación. Y así lo sentía.

Decíamos que formaba parte de su normalidad cuando era pequeña, pero cuando fue cumpliendo años, aquello que le restaba tiempo, ya no le parecía tan normal y se rebelaba, y gruñía, y hacía “sus tareas” a regañadientes, y no entendía cuál era la diferencia entre hombres y mujeres en aquella casa y la exigencia tan diferente de unos y otros.

Y así fue como con el tiempo, se rebeló de todo y se fue.

Y se fue detrás del amor que era de aquellos que se convierten en rana y en vez de volver, se quedó a tres mil kilómetros de distancia. Creo recordar, que fue la primera vez que pensó en sí misma antes que en los demás.

A todo esto, ya tenía más de veinte años, y vivía su vida y se interesaba por lo demás a ratitos, desde la distancia, desde el “ojos que no ven, corazón que no siente”

No sabía qué era lo que quería en la vida, pero sí sabía lo que no quería.

No quería casarse y cargar con un marido, véase su padre de ejemplo. Y no quería tener hijos.

Y no los quería porque aquella enfermedad que todos sufrían podría ser hereditaria y no quería hacer pasar a nadie por lo mismo que ella había pasado. Así que le cerró la puerta a aquella posibilidad sin dolerle, desde la naturalidad y sin que aquello supusiera una drástica decisión.

Pero los planes a veces se tuercen.

Y un buen día conoció al que pensó acreedor de todos sus anhelos (luego se demostraría que no fue así). Sí que consiguió que él no fuera como su padre, eso no se le puede negar, pero al paso de los años, no sé qué clic le hizo en la cabeza que decidieron tener hijos y para ello casarse. Si le preguntas ahora si volvería a tomar la misma decisión lo tiene claro, aunque sus hijos es lo más maravilloso que tiene.

Se le olvidaron sus por qué, se le olvidó que no quería ser madre y el por qué no quería serlo. Disfrutó de su maternidad desde un punto de vista de instinto, de amor, de felicidad, de miedo…

Y un buen día, cuando ya su matrimonio estaba acabado, le dan la noticia: Artritis Reumatoide de mal pronóstico.

Se queda tan flasheada en la consulta del médico que necesita un tiempo para entender qué le dicen. ¡Se había olvidado que podía ocurrir! Y estaba ocurriendo…

Primero no entiende bien qué pasa porque ella ha vivido esto de siempre, ha vivido cómo el andar de su madre sonaba a metálico por las eternas muletas que le ayudaban a caminar, sustituidas después por aquella fabulosa silla de ruedas eléctrica que le devolvió la vida. Así que no lo entiende. Si a ella no le duele nada, si no tiene brotes, si ya tiene 41 y es la primera noticia…

Así que resumidamente se afianza mucho más en sus creencias: No es lo que nos pasa, es la actitud que tomamos antes las cosas que nos pasan.

Es probable que en algún momento oscuro ella misma se haya provocado esto que le está pasando y ya no se puede volver a atrás. Y como ella SÓLO SABE SEGUIR, no le dedica más tiempo del necesario a analizar esto, ni a preguntarse los porqués del pasado. Ha dejado de idealizar a las personas que la rodean, intenta rodearse de la gente que más le aporta en su positividad. Vuelve tantas veces como sea necesario al punto de partida si ve que algún alma negra la arrastra y se encabezona en que hay que disfrutar de las pequeñas cosas. Sin más, sin grandes cosas, sin grandes pretensiones que no pasen por estar tranquila y en paz.

Así que bueno, cuando me contó su historia y fui consciente de ella, en toda su magnitud, hice mía la frase que ambas leímos en el último Premio planeta: SOLO SÉ SEGUIR.

Comentarios:

Un comentario en “No me parará la Artritis Reumatoide


Jessica
23 marzo 2021

Qué aprendizaje más potente MariJose! SOLO HAY QUE SEGUIR, adelante, y sin pensar en los «y si» ! Muchas gracias por compartir tu historia! TÚ eres el héroe!

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