Nuestra comunidad nos ayudó a superar la muerte repentina de mi mujer

Por: Matias (Argentina)

Muchas veces escuchamos la frase “para siempre”, “para toda la vida”, o “nunca más”, pero nunca tomamos conciencia real del significado hasta que perdemos a alguien, a alguien que queremos. Ahí el “para siempre, para toda la vida, o el nunca más”, es realmente “para siempre, para toda la vida, y para nunca más”.

En la mañana del 14 de junio del 2012, una mañana como cualquier otra me despedía de mi mujer y mis dos hijos, de 3 y 5 años. Un chau, que tengan buen día, decía yo, como todas las mañanas. Salía a trabajar. Nos dimos un largo abrazo, que fue interrumpido por una incontrolable furia del mayor de nuestros hijos. Nadie podía abrazar a Ella, salvo él.

Ya en mi oficina suena el teléfono, atiendo, y escucho “No te preocupes” me dice una voz familiar, vine al trabajo y Maria no se siente bien. Era su mejor amiga, su compañera de oficina, cuya llamada difícil habrá sido para ella. Salgo en una aparente calma, y un viaje eterno de tan sólo 20 minutos hasta llegar al lugar. Detengo el auto, me bajo y camino entre varias imágenes y pensamientos que se me venían a la cabeza. Nada de eso se asemejaba con la escena que me encontraría allí. Ahí, en el piso, estaba ella, rodeada de gente que miraba con detenimiento. Un médico en pleno trabajo, como esperando un milagro, golpeaba su pecho sin cesar. Me acerqué, tomé su pie…el tiempo se detiene y en un cruce de miradas que no puedo ni podré olvidar estaba todo dicho. Hice todo lo posible, me dice, se fue, ¡y se fue PARA SIEMPRE!

Así fue, pasaron 9 años de ese día en el que cambió por completo mi vida y la de mis hijos. En ese momento tomé una determinación, sin ni siquiera consultarlo conmigo. Mis hijos iban a marcar el rumbo de mi vida, tenía que devolverles a ellos esa nueva felicidad. Esa felicidad que poco tiempo atrás habían conocido. Me uní muchísimo a mis hijos, formamos un equipo. Nos apoyábamos y nos ayudábamos, nos reíamos, y llorábamos. Estábamos peleando una batalla sin fin para superar la muerte repentina de mi mujer. Aparecieron los abuelos, amigos, hermanos, tíos, etc. Una versión mejor de ellos. No éramos sólo tres. Teníamos un ejército que nos acompañaba.

Hoy, después de tanto tiempo, me pude volver a enamorar y los chicos volvieron a reír. La familia se agrandó, se sumó Elisa a nuestras vidas. Hoy con sólo 3 años nos trae alegría y es quien, de alguna manera, une a todos los miembros de esta nueva familia. Lucrecia, mi mujer, con mucha generosidad y valentía adoptó y quiere a mis hijos como si fuesen de ella. Hay veces que pienso que fue Maria, desde alguna parte, quien la eligió y arregló todo para que podamos ser felices nuevamente. Lo increíble es que al ejército se sumó mucha más gente que si bien hoy descansa, está lista para entrar en acción, si alguien lo necesita.

Comentarios:

Un comentario en “Nuestra comunidad nos ayudó a superar la muerte repentina de mi mujer


Silvia
9 agosto 2021

Qué importante es la comunidad de cada uno….te entiendo perfectamente porque mi familia, mi madre pasó por lo mismo…gracias por compartir tu historia Matias.

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