Superar un cáncer de cuello de útero me cambió la vida

Por: Carmen Cid (España)

En el año 2000 me fue diagnosticado en una revisión rutinaria un tumor grado 3, un cáncer de cuello del útero… así, “de sopetón”, cáncer de cuello de útero.

Cuando me dieron la noticia fue un shock para mi,¿me iba a morir?, ¿cuanto tiempo me quedaba?, ¿que significaba grado 3?, miles de preguntas se agolparon en mi garganta pero seguí callada escuchando a la Dra. explicándome los pasos a seguir,… en fin, pocas respuestas para que me hizo sentir muy aterrorizada.

Lo más urgente era extirparlo cuanto antes y tras analizarlo decidir qué pasos seguir.

No hablé con nadie hasta tener claro el día de la operación y saber qué esperar, sólo llame a mi mejor amiga para que me acompañara en las pruebas, no podía enfrentarme a eso sola.

Tras muchas pruebas y visitas al hospital, en las que fui tratada con bastante frialdad, supe que antes de operarme debería someterme a una prueba un poco compleja, solo un médico que no venía a menudo y tenía las consultas llenas la hacía, era urgente que consiguiera una cita para no retrasar la operación, era imprescindible.

Me asuste bastante, el tumor era muy agresivo y cada día contaba. Parecía que todo se complicaba, nadie me ayudaba, hasta que hable con una enfermera, solo sé que era rubia, desesperada, le explique lo que ocurría, necesitaba que me colase en la prueba, ella me miro, recuerdo esa mirada tranquila, serena, me sonrió, pocas veces me habían sonreído durante todo ese periplo, y dijo “no te preocupes, ven mañana, el Dr. te realizará la prueba, – dijo- tu tranquila”, nunca se lo agradeceré lo suficiente, en todo aquel maremagnum de pasillos de hospital, gente y más gente tratándome como “una cosa”, ella mostró calidez y humanidad.

Hablé con mis padres y tras la operación, la zona quedó completamente limpia, aun así, recomendaron quimio y radio que, y esto es una decisión personal, decidí no tomar. Intentaron convencerme, pero yo busqué alternativas, utilicé Terapia Clark, cambié mi alimentación, trabajé a nivel emocional, nunca más hubo ningún rastro de tumor en mi organismo, 20 años después sigo “limpia”.

Comencé a estudiar terapias holísticas, quise ayudar a otros, como lo hicieron conmigo, dar una visión más natural, otras opciones, tener capacidad de decisión. 3 años después, dejé mi trabajo y di un giro a mi vida hacia la medicina holística. 17 años después sigo ayudando a otros a estar sanos, empoderados y acompañados, mi amiga, padres, aquella enfermera, son mis héroes, como todos mis pacientes y siento que yo he sido una heroína para ellos.

Sentí una soledad inmensa, cada noche lloraba de miedo, no entendía porque me pasaba eso a mi. En realidad no estaba sola, tenía a mis amigas, mi familia…, pero  no podía hablar con nadie sobre el miedo, la angustia, la incertidumbre, sin preocupar o angustiarles, sin traspasarlos mis miedos y yo no deseaba eso, así que durante todo este tiempo, he intentado ser ese soporte de empatía y amor para quien pasa por lo que yo pase y aportar soluciones.

Creo firmemente que todos somos héroes, que todos podemos ayudar a otros a superar momentos difíciles, simplemente escuchando sin juzgar, dando una palabra de aliento, una sonrisa o una solución alternativa.

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