Como un ACV me enseñó que la vida es un regalo

Por: Agustin (Uruguay)

Para empezar, había sacado una beca en la mejor universidad del país, y me tenía que ir a Montevideo desde Salto, mi ciudad natal de Uruguay. Con 18 años me fui a la capital.  Así, sólo, y en mi pequeño piso.  Yo era independiente.

Me encontraba estudiando para unos exámenes cuando de pronto me vino un dolor de cabeza, sin más preámbulo.  Me tomé un ibuprofeno y me fui a dormir sabiendo de que había estudiado lo suficiente. El día siguiente, 31 de Julio de 2015, me desperté a la madrugada y notaba una cosa rara… no podía mover el brazo derecho, y ahí empezó la lucha. Me moví de mi cama sintiendo que no podía mover tampoco la pierna derecha. En ese entonces ya vomitaba y me desmayaba, me despertaba, me desplazaba un poco y me desmayaba y vomitaba otra vez.  Me trepé a una silla y me desmoroné. Me moví a un escritorio y me trepé, y me derrumbé también. Para sobrevivir tenía que llegar a la puerta y esperar a alguien que me sintiera. Sin embargo acá estaba el punto… me quedé sin voz, sin el habla, sin que se me pudieran sentir mis gritos de auxilio.

He aquí que mi madre había llamado de noche, y yo estaba durmiendo. La mañana que yo estaba teniendo el ACV llamó otra vez, y llamó, y llamó, y llamó. Ella tenía el celular de mi portero por lo que lo llamó. Le dijo el portero que yo subí sin ningún acompañante, que él iba a subir a ver si estaba todo bien.

Yo no iba a dejar que mi futuro no existiese y golpeaba con mi mano izquierda una cómoda, para ver si alguien me podía escuchar.  Subido el portero sintió un tenue ruido, y se asustó. Esos sentidos de madre, esos sentidos de portero y la no reacción mía, tiraron la puerta abajo. Allí me encontraba yo, sin poder decir nada, con los ojos bien abiertos, estaba bien consciente. Me acuerdo que vinieron unos policías, me pidieron la cédula y yo les apuntaba con mis ojos a donde estaba mi documento, con una media risa de mí, entre tanto desespero. Llegó mi prima, la miré, me sentí aliviado, y me desmaye otra vez sabiendo que algún familiar estaba conmigo allí.

Me desperté en el Centro de Tratamientos Intensivos y mi madre estaba allí. Quería decirle algo, quería decirle lo que me había pasado, pero no pude. Pase 2 semanas en el CTI y apenas podía decir lo que quería de postre a mamá: un helado de vainilla en un pote.

Pasé a cuidados medios ya que la inflamación en mi cráneo había cesado. Ah, porque no le dije una cosa, ¡solo estaba con la mitad de mi cráneo! La mitad izquierda de este me lo habían metido en la pelvis para después colocarlo de vuelta, ¡la magia de la medicina! En ese entonces, había un lenguaje reducido pero efectivo para comunicarse. Con un fisiatra, y después de mucha práctica, había podido mover una falange de mi dedo índice en la mano derecha, un gran logro para mí.

El 25 de Agosto me fui de Montevideo a Salto, unos 500 km aproximadamente, a aprender todo de vuelta, era un bebe grande. Me enseñaron a comer, a bañarme, a tomar café, a caminar y hablar con un fisiatra y una fonoaudióloga. En fin, a hacer todas las cosas que se hacen todos los días.

Y ahora estoy aquí, como un joven completamente normal, que puede caminar, mover las caderas en una discoteca, hablar y reírme a carcajadas, que puede ir al gimnasio y que puede tener un amor no correspondido.

A 6 años de que estuviera merodeando la muerte, mi vida cambió, y me dijo, que ella era un regalo maravilloso que no se puede desperdiciar, que hay que valorar las cosas que se hacen todos los días, y que al final, lo más importante es la familia.

Comentarios:

2 comentarios en “Como un ACV me enseñó que la vida es un regalo


Jessica
14 julio 2021

Qué historia de superación tan bonita Agustín! Muchísimas gracias por compartirla con todos nosotros ! TÚ eres el héroe !!

Natalia
4 septiembre 2021

Que hermosa historia Agustín que maravillosa oportunidad para sacarle el jugo a cada momento de ahora en mas! Gracias por compartirla!

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