Un aterrizaje forzoso que recordó lo que realmente importa en la vida

Por: #impossibleisnothing (España)

Hace muchas lunas ya. Fue por allá por 1998. Cruzábamos Pakistán de sur a norte en un fokker (un avión de hélices) de la PIA (Pakistan International Airlines). El vuelo, de unas 2 horas, parecía apacible. Pakistán es un país muy extenso y abrupto. Tiene de todo, desierto y montaña.

Cuando volábamos por encima del Desierto de Thar saltaron las pantallas del avión. Un imán rezaba en árabe. El piloto dijo algo por los altavoces que provocó un gran revuelo en el avión. En ese momento, varias personas sufrieron un ataque de pánico.

Había un problema mecánico. Íbamos a hacer un aterrizaje forzoso. Ahí, en una carretera, en medio del desierto.

Por supuesto, el terror se apoderó de nosotros. Lorenzo, uno de los que venía, balbuceaba “no quiero morir”. Y cada vez más la sensación de que podía ser el final, flotaba en el ambiente.

Fernando, que era psiquiatra, entre otras cosas, le gritó “Loren, mírame a los ojos”. No se me olvidará jamás.

Y así, con voz profunda y calmada, siendo consciente de que él tenía una enfermedad grave en su cuerpo, nos miró y dijo: “hoy no es mi día”.

La sensación de paz que transmitió fue infinita. Nos tranquilizamos y nos pusimos en posición de aterrizaje de emergencia. Se hizo el silencio. Todos éramos conscientes de la gravedad del momento.

Los aviones de hélices son pequeños (seríamos unas 60 personas), son manejables y planean. Su peso y su aerodinámica les permite “jugar” en el aire. En un avión comercial no lo habríamos contado.

Como dato diré que la PIA nunca había tenido un accidente de avión hasta entonces.

Mientras descendíamos, poco a poco, con el planeo del avión, en unos minutos eternos, vinieron muchas cosas a la cabeza.

Yo estaba en un momento vital durísimo y la oportunidad de hacer este viaje me había reenganchado a la ilusión de hacer cosas. El pensar que todo puede acabar te da perspectiva y te pone en un estado mental distinto. Cuando uno está en una situación así, viene a la cabeza lo que es realmente importante. No te acuerdas de lo que no aporta. Sí te da rabia aquello que no has hecho y piensas que no tendrás ocasión. La luz se transforma en un fundido a negro y la tristeza del instante es gigante.

El avión seguía bajando y llegó el momento de tocar tierra. Aterrizó. Hubo golpes, heridos, drama, miedo, gritos, lloros. Fue como si un tanque pasara por encima planchando el avión, tanto física como emocionalmente. Una sensación de vacío brutal.

Y ualá, no nos pasó nada. Tengo el recuerdo difuso y creo que alguno de nosotros se golpeó en la mano y en la cabeza, pero estábamos enteros. No todo el avión corrió la misma suerte, pero en nuestro grupo estábamos bien.

Vino la alegría. El respirar hondo. El “shock” de estar vivos, incluso alguna broma y alguna lágrima de alegría.

Es bueno recordarlo. Hay que exprimir cada segundo.

Comentarios:

Un comentario en “Un aterrizaje forzoso que recordó lo que realmente importa en la vida


Sara Jimeno
22 febrero 2021

Wow pasada de historia!! Estas cosas te hacen poner todo en perspectiva

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