Un linfoma en estadio 4 a los 22 años

Por Mags Bujalski

A los 22 años, cuando sentí que mi vida finalmente se estaba colocando, de repente se vino abajo. Acababa de aceptar una oferta de trabajo, era el trabajo de mis sueños y estaba a dos meses de graduarme en la universidad cuando recibí la noticia de que tenía un linfoma en estadio 4: linfoma mediastínico primario de células grandes B, para ser exactos.

Después de lo que parecieron cientos de escaneos y análisis de sangre, finalmente comencé mi tratamiento: quimioterapia. Sabía que los meses que me esperaban iban a ser desafiantes, pero decidí enfrentarlos y ver esto como un obstáculo en la vida, en lugar de un accidente automovilístico.

Hice lo mejor que pude para mantener una mentalidad positiva durante todo mi camino, tanto en mis días malos, como en mis días buenos. Decidí que aunque no podía planear mucho, con respecto a mi tratamiento, aún podía hacer todo lo que estuviera en mi poder para asegurarme que iba a hacer todo lo que estaba en mis manos para cuidarme. Esto fue tanto emocional como físico.

Físicamente, quería mantener mi rutina tan aparentemente normal como pudiera. Intentaba hacer mis recados habituales, hacer mis compras, limpiar la casa (cuando mi cuerpo podía hacerlo, por supuesto). Investigué y nutrí mi cuerpo con alimentos integrales saludables para mantener mi fuerza durante el tratamiento, ayudando a mi cuerpo para recuperarse de la quimioterapia. La actividad física siguió siendo una parte vital de mi rutina. Además de los beneficios obvios, me ayudó a sentirme como yo misma y a sentir que tenía algún tipo de control sobre mi salud.

Emocionalmente, me concentré en lo que sabía que necesitaba en ese momento. Sé que soy alguien que se preocupa y piensa demasiado las cosas, cuando no tengo nada que ocupe mi mente. Para combatir eso, decidí buscar un nuevo pasatiempo: YouTube. Aprender a filmar, editar, y subir videos me tomó mucho tiempo y honestamente, diría que algunos días me salvó de la espiral. Mantener mi mente ocupada era algo que sabía que tenía que hacer.

Esos meses de tratamiento pasaron volando y, antes de darme cuenta, el cáncer había remitido y tenía una nueva apreciación de la vida. El cáncer me enseñó muchas lecciones; buenas lecciones y también difíciles. Pero elijo disfrutar de las cosas bellas de la vida porque al final del día, esta vida es mágica y asombrosa. La salud es una verdadera riqueza y nunca volveré a dar por sentada mi salud.

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