Ya no hago. Soy.

Por: Ana Martinez (Spain)

En febrero de 2016 la vida me ofreció una nueva oportunidad de parar el ruido exterior y entrar en mí. En una misma semana una crisis de migraña, dos problemas en el hombro izquierdo, el tratamiento anual de vendaje compresivo del linfedema de mi pierna izquierda y un brote de fibromialgia y fatiga crónica. Fiel a las creencias y acciones que me habían llevado a ese punto seguí en el HACER.

Empecé a intuir que quizá la vida se trataba de algo más y abrí la puerta a otra voz que vivía en mí y por muchos años había ignorado que me hablaba de SER.

Descubrí el Taichí, la meditación y el Reiki. Dejé los cuatro blancos de la alimentación y despertaba con 36 respiraciones profundas.

En mayo de 2017 me diagnosticaron un tumor en la mama izquierda. Al oír el diagnóstico una frase atravesó mi pensamiento desde una absoluta certeza: “Es una emoción mal gestionada y la vas a sanar”.

Tiempo después observé que, en aquel momento, ese no era el lenguaje que yo utilizaba: ¿emociones bloqueadas?, ¿sanar?

Los días previos al diagnóstico fueron difíciles. Tras él, todo en mí tomó su lugar, una sensación de sostén y paz me acompañó.

Algo que nunca me había permitido era necesario, PEDIR AYUDA: “no sé si en algún momento yo no pueda, cuiden y apoyen a mi familia” les pedí a familiares y amigos que reuní para exponerles la situación.

Simplemente me abrí a la vida y a las infinitas posibilidades que me ofrecía.

En ningún momento temí por mi vida, quizá resulta ilusorio. Ahora lo pienso y agradezco la fuerza de esa certeza.

Nunca me sentí en lucha, yo sentía mucha paz y, sobre todo, SANACIÓN.

Vivía totalmente inconsciente, desoí muchas veces el susurro de la vida, sin sentido día a día, sin disfrutar de mi maravillosa familia, sin parar a cuidarme ni observarme…

Cambié mi alimentación, puse consciencia en el cuidado de mi energía, elevé mi vibración, investigué, leí, seguí a personas inspiradoras. Empecé a dejarme querer y sobre todo… a QUERERME.

Sentía no tener prisa sino darle tiempo a cada circunstancia, emoción, atravesar el proceso a su propio ritmo.

Sólo yo, mis creencias y mis pensamientos me limitaban. Tomé la decisión de tener una VIDA EXTRAORDINARIA, escuchar los pájaros, sentir la brisa, reír, abrazar…

Entendí que siempre utilicé la enfermedad, inconscientemente, para ocultar mi luz. Fue duro y muy sanador porque eso me permite tomar decisiones desde otro lugar.

El apoyo de muchas herramientas; Astrología, Alquimia Interior, Constelaciones Familiares, Meditación, Chi Kung, Reiki, Desarrollo Personal, me ha aportado una visión diferente del camino para llegar a la misma cima: vivir en coherencia, creer en mí, incluirme en mi vida, aceptar, confiar, libertad, alegría.

Ahora a mis 53 años, sé que hacer el trabajo que me corresponde cada día, AGRADECER, y ser responsable de mí ha sanado aspectos en todas las áreas de mi vida. Ya no hago. Soy.

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